José Irrázabal, académico UV: “El desempleo llegó a 9,5% marcando su peor nivel en cinco años”

Doctor en Economía y jefe de carrera de Ingeniería Civil Industrial de la Universidad de Valparaíso, José Irrázabal analizó los resultados de la Encuesta Nacional de Empleo correspondientes al trimestre móvil mayo-julio de 2026 realizada por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).  

Al respecto, el académico señala que «el informe del INE confirma casi un millón de personas desocupadas en el país. Las mujeres, los jóvenes, la población adulta mayor y la Región de Valparaíso —con foco en su comuna capital— concentran los golpes más duros de un mercado laboral que ya acumula cuatro trimestres consecutivos sobre el 9%».  

«Es la fotografía más dura en un lustro: la desocupación nacional llegó a 9,5%, con un alza de 0,8 puntos en doce meses. Es el nivel más alto desde abril-junio de 2021 y el cuarto trimestre seguido sobre el 9% (ajustada estacionalmente: 9,3%)», explica.  

El especialista indica que «detrás del porcentaje hay 981.044 personas desocupadas, un 10,4% más que hace un año: los cesantes crecieron 9,4% y quienes buscan trabajo por primera vez se dispararon a 20,9%. Los ocupados, en tanto, cayeron 0,2% (-16.292 empleos), la primera contracción interanual desde 2021, mientras la fuerza de trabajo sumó 10.295.061 personas, un alza de 0,7% que la economía no logró absorber. La calidad del empleo también retrocede: la informalidad subió a 26,5% (+0,5 puntos) y las horas trabajadas promedio bajaron a 36,4 semanales (-1,7%). La participación laboral se ubicó en 61,7% y la ocupación en 55,9%».  

Desocupación femenina 

Según Irrázabal, «la desocupación femenina llegó a 10,3% (+0,6 punto), su quinto trimestre consecutivo en dos dígitos, y la masculina a 8,9%, con el mayor salto anual (+1,0 punto). El empleo femenino creció 1% y su participación subió a 53,2%, pero ese ingreso de más mujeres al mercado laboral no fue absorbido por igual número de puestos. Los hombres retrocedieron en casi todo: su ocupación cayó 1,1% y su participación bajó a 70,6%. La informalidad también es desigual: 28,3% entre mujeres ocupadas y 25,1% entre hombres».  

«El INE no entrega una tasa de desocupación por edad en su boletín mensual, pero sí una pista clara: la caída de ocupados en mayo-julio la explican sobre todo los tramos de 25 a 34 años (-4,8%) y de 15 a 24 años (-4,1%). Es coherente con la última cifra específica disponible —trimestre febrero-abril de 2026—, cuando la desocupación juvenil (15-24 años) llegó a 24,9%, con 29,6% entre las mujeres jóvenes, casi el triple de la tasa nacional de ese período. Especialistas atribuyen el fenómeno a que las empresas ajustan primero al personal más nuevo y elevan los requisitos de contratación cuando escasean las vacantes», agrega.  

«En tanto, la población extranjera es la excepción al deterioro. La última medición disponible, del trimestre marzo-mayo de 2026, situó la desocupación migrante en 6,7%, 1,1 punto menos que un año antes y muy por debajo de la tasa nacional. La mejora respondió a una fuerza de trabajo migrante más pequeña (-0,9%), más ocupados (+0,3%) y 14,9% menos desocupados, con el comercio, la construcción y el trabajo doméstico como los rubros que más empleo les generaron. Hace un año esa tasa era de 8,4%, lo que confirma una tendencia sostenida a la baja», añade.  

Valparaíso, entre las regiones más golpeadas  

A juicio del académico «la desocupación no golpea igual en todo el país. La Región de Valparaíso llegó a 10,4% en mayo-julio, un alza de 1,7 puntos en doce meses, una de las más pronunciadas del país y bien por sobre el promedio nacional, entre las ocho regiones —de dieciséis— que ya están en dos dígitos. La cifra confirma una tendencia al alza sostenida: 10,2% en marzo-mayo y 10,4% en abril-junio, y la brecha de género regional se mantiene más amplia que la nacional. En abril-junio, el último trimestre con desagregación oficial completa por sexo, la tasa femenina fue 11,4% y la masculina 9,7%; para mayo-julio, el arrastre estacional inmediato sitúa a las mujeres sobre 11,3% y a los hombres en torno a 9,4%, con los desocupados bordeando las 107.000 personas tras un salto de 26,2% anual en el trimestre previo».  

«La informalidad regional se mueve entre 28,5% y 28,9%, por sobre el 26,5% nacional, y la provincia de Marga Marga exhibe la peor tasa de la región. El desglose específico de desocupación juvenil y migrante para la región todavía no se publica de forma oficial —el INE lo desagrega con algunos días de rezago respecto del dato nacional—, aunque la referencia país ya es elocuente: uno de cada cuatro jóvenes menores de 24 años está sin trabajo (24,6% en promedio nacional), con mayor impacto entre las mujeres jóvenes», asegura.  

«Estimaciones extraoficiales para el Gran Valparaíso permiten aproximarse a lo que ocurre en la capital regional, aunque deben leerse como una referencia y no como una cifra con el mismo respaldo metodológico que el dato nacional o regional del INE. Según esas estimaciones, la desocupación en la conurbación bordearía 10,6%, por sobre el promedio regional, con una tasa femenina en torno a 11,5% —golpeada por la pérdida de plazas en comercio, servicios y manufactura— y una masculina cercana a 9,6%», señala.  

«La informalidad llegaría a 29,1%, empujada principalmente por el comercio ambulante y los servicios independientes en las comunas centrales de Valparaíso y Viña del Mar. Dirigentes vecinales y gremiales de la ciudad vienen advirtiendo desde hace meses sobre ese círculo entre cesantía, comercio informal y menor actividad en el borde costero, un fenómeno que estas estimaciones ayudan a dimensionar sin poder reemplazar la precisión de un dato oficial», comenta.  

Las causas de fondo  

El jefe de carrera de Ingeniería Civil Industrial UV explica que «más allá del ciclo político, el deterioro que muestra el INE combina factores coyunturales y estructurales. En lo coyuntural, la economía chilena crece por debajo de su potencial y no está generando empleo al ritmo en que crece la fuerza de trabajo: en el trimestre mayo-julio esta última avanzó 0,7% mientras el empleo cayó 0,2%, un desajuste que explica buena parte del alza de la desocupación».  

«Detrás de esa brecha hay al menos cuatro problemas estructurales que los datos del trimestre dejan en evidencia. Primero, la falta de infraestructura de cuidados sigue empujando a mujeres —muchas jefas de hogar— hacia la informalidad o directamente fuera del mercado formal, incluso cuando su participación laboral crece. Segundo, un desajuste entre formación y demanda laboral castiga especialmente a los jóvenes: la sobreoferta de credenciales profesionales y técnicas sin pertinencia territorial eleva los requisitos de contratación y deja fuera a quienes recién egresan. Tercero, persisten barreras de convalidación que impiden aprovechar plenamente el capital humano migrante, cuya menor tasa de desocupación convive con una fuerte sobrecalificación y subutilización de sus competencias. Y cuarto, los trabajadores mayores de 55 años que pierden su empleo enfrentan una reinserción mucho más lenta, con el riesgo de transformar la cesantía de prejubilación en pobreza en la vejez. A ello se suma, en regiones como Valparaíso, una matriz productiva concentrada en actividades cíclicas y estacionales —puerto, comercio y turismo— con escasa diversificación industrial que amortigüe los shocks», señala.  

Propuestas para revertir la tendencia  

Frente al actual escenario, Irrázabal destaca que «las medidas de corto plazo anunciadas por el Gobierno —subsidios a la contratación e inversión pública de emergencia— son necesarias, pero insuficientes si no se acompañan de una agenda estructural».  

«Al menos cinco líneas de política pública debieran formar parte de esa agenda, entre las que se cuentan el fortalecimiento del sistema nacional de cuidados: la expansión de salas cuna y de servicios de cuidado de adultos mayores es un prerrequisito para que las mujeres, especialmente las jefas de hogar, puedan acceder a empleos formales de jornada completa», señala.  

«La segunda línea es la modernización de la capacitación frente a la saturación de credenciales: se requiere una articulación territorializada entre la formación técnico-profesional y las necesidades reales de la industria local, junto con plataformas de intermediación de alta precisión para profesionales sobrecalificados», agrega.  

En tercer lugar, sitúa la «homologación y validación del capital humano migrante: acelerar y simplificar la convalidación de títulos extranjeros, y desarrollar mecanismos de certificación de la experiencia laboral previa; seguida de políticas diferenciadas para el desempleo crónico en mayores de 55 años, como programas continuos de reconversión de habilidades (reskilling) y bonificaciones específicas a la contratación, para evitar que la pérdida de empleo en la prejubilación se transforme en pobreza en la tercera edad».  

Como quinta medida agrega la «territorialización de las políticas de empleo, programas diferenciados según la matriz productiva de cada región, que reconozcan la experiencia y las redes locales en Valparaíso y en el resto de las regiones del país».  

En este punto, el académico enfatiza que «ninguna de estas medidas rinde frutos en un trimestre, pero todas apuntan a las causas —y no solo a los síntomas— de un desempleo que ya no puede explicarse únicamente por el ciclo económico. Mientras esa agenda estructural no avance, es probable que las próximas mediciones del INE sigan mostrando el mismo patrón: más mujeres, más jóvenes, más trabajadores mayores y más regiones dependientes de sectores cíclicos cargando con el mayor peso del ajuste».  

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